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Rapé Brasilero Ayahuasca

$ 77.000

El rapé ayahuasca es un recordatorio de que la sabiduría de las plantas no se limita a un solo camino. Aunque su nombre nos conecte inmediatamente con la bebida del yagé, su propósito y su forma de actuar son distintos. Aquí no hay visiones prolongadas ni trances profundos, sino más bien un acto breve y poderoso de purificación, presencia y conexión con lo sutil.

En lo personal, me gusta pensar que este rapé es como un puente pequeño entre lo cotidiano y lo sagrado, un soplo que, sin necesidad de viajes largos, abre una rendija para que entre un poco más de luz.

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Rapé Ayahuasca: un puente sutil entre Caapi y Chacruna

Hablar del rapé ayahuasca es entrar en un territorio especial dentro del universo de estas medicinas indígenas. Este rapé está compuesto por dos plantas de gran relevancia en la tradición amazónica: la caapi (Banisteriopsis caapi) y la chacruna (Psychotria viridis).

Son las mismas plantas que se utilizan en la preparación del yagé o ayahuasca bebible, y de ahí viene su nombre. Sin embargo, es muy importante dejar claro que, aunque compartan los mismos componentes, el rapé ayahuasca no genera los mismos efectos ni experiencias que la práctica ceremonial del yagé.

La conexión entre ambos está en la materia prima, pero el camino que cada medicina abre es distinto.

El rapé ayahuasca se presenta como un polvo fino que combina la energía del bejuco sagrado con la de las hojas visionarias, pero en una forma que se toma a través de las fosas nasales y que, por tanto, actúa de manera muy diferente al preparado líquido que conocemos como yagé.

Aquí, no hay visiones prolongadas ni viajes profundos como los que se viven en una ceremonia de ayahuasca. Lo que se busca es más bien una purificación inmediata, un despertar del cuerpo y un alineamiento energético que la persona puede recibir de manera rápida y sencilla.

Caapi: la enredadera de la sabiduría

El caapi, también llamado “bejuco del alma”, es reconocido como una de las plantas maestras de la Amazonía. Desde tiempos antiguos, las comunidades indígenas lo han considerado un espíritu protector y una puerta hacia el conocimiento ancestral. En su uso dentro del rapé, el caapi aporta una energía que podríamos llamar contemplativa y centradora, ayudando a aquietar la mente y a preparar el cuerpo para estados de mayor presencia.

A nivel medicinal, el caapi es conocido por contener alcaloides como las beta-carbolinas, que tienen propiedades inhibitorias de la enzima MAO, permitiendo en el yagé la activación de la chacruna. En el rapé, estos alcaloides no producen el mismo efecto psicodélico, pero sí sostienen un ambiente de calma, de quietud y de limpieza interna que muchos valoran como una forma de poner en orden los pensamientos y aclarar la energía.

Chacruna: la hoja visionaria

La chacruna, por su parte, es la planta que aporta el espíritu de la visión en la preparación del yagé. Contiene DMT, una molécula muy estudiada hoy en día por la ciencia y que en contextos tradicionales se asocia con la apertura hacia otras dimensiones del ser.

En el rapé ayahuasca, la chacruna no actúa del mismo modo que cuando se ingiere en infusión con caapi, porque al ser inhalada y en tan pequeñas cantidades no genera visiones, pero sí trae consigo una sutileza de claridad, de ligereza mental y de apertura energética.

Podría decirse que su presencia en el rapé equilibra la fuerza del caapi, aportando un matiz de expansión y de aire fresco a la experiencia. Es una hoja que ayuda a abrir los sentidos, aunque de una manera más suave y discreta que en la bebida ceremonial.

¿Qué hace único al rapé Ayahuasca?

Dentro del vasto mundo de los rapés amazónicos, el rapé ayahuasca se distingue justamente por esa dualidad de fuerza y ligereza que se logra con la mezcla del caapi y la chacruna. No es un rapé muy fuerte en el sentido físico (no suele ser abrumador en la primera impresión), pero sí es profundo en lo energético.

Su principal aporte está en el alineamiento y la purificación. Muchas personas lo usan para momentos de desconexión interna, cuando sienten que la mente se dispersa o que las emociones se vuelven demasiado pesadas. El rapé ayahuasca, en estos casos, funciona como un recordatorio de volver al centro, de regresar al presente y soltar cargas innecesarias.

Además, a diferencia de otros rapés elaborados con tabaco mapacho o con cortezas fuertes como el tsunu, este se percibe más sereno y meditativo, casi como una caricia que va directo a la mente y al espíritu.

Recomendaciones de uso

Al igual que con cualquier rapé, la manera adecuada de emplearlo es a través de un tepi (cuando otra persona sopla el rapé en tus fosas nasales) o un kuripe (cuando lo aplicas tú mismo). Se recomienda buscar un espacio tranquilo, donde puedas sentarte cómodo y dedicar unos minutos a la respiración y a la observación interna.

La dosis no necesita ser grande. De hecho, en el rapé ayahuasca menos suele ser más, ya que lo que se busca es la sutileza y la apertura, no la intensidad.

Tras recibir el soplo, es común que aparezcan sensaciones como lagrimeo, estornudos o una ligera presión en la cabeza; estos son procesos naturales de limpieza. Lo importante es mantener la calma, respirar profundo y permitir que el polvo haga su trabajo.

Es recomendable también no asociar este rapé con la expectativa de vivir una experiencia similar al yagé, porque eso genera confusión. Son medicinas hermanas en cuanto a componentes, pero diferentes en su acción y en su propósito.

Un lugar dentro de las medicinas ancestrales

El rapé ayahuasca, aunque único, comparte la esencia de otras medicinas como el mambe o el ambil: todas buscan despertar la presencia, sanar y reconectar al ser humano con lo esencial.

Mientras que el mambe se centra en la palabra y la reflexión, o el ambil en la dulzura y la conexión con el corazón, el rapé ayahuasca se mueve en un terreno más contemplativo y depurador, ofreciendo claridad y ligereza en el momento presente.

No hay que olvidar que cada persona lo experimenta de forma distinta. Lo que para uno puede ser una sensación de calma profunda, para otro puede sentirse como un impulso de energía o como un llamado a liberar emociones contenidas. El rapé, como todas estas medicinas, siempre actúa en diálogo con el estado interior de quien lo recibe.

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Peso:

10 gramos

Origen:

Acre, Brasil

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